¿Por qué maestra?

Vale, ya queda claro (bueno,más o menos…) por qué he decidido empezar un blog, e incluso cuál es la idea que, a grandes rasgos, llevo en mi cabeza para llenarlo poco a poco de contenido. Ahora subimos la dificultad: ¿por qué maestra?

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Ya adelanto que no es una pregunta precisamente fácil de contestar, y dudo que sea capaz de transmitir todo lo que siento al preguntarme a mí misma. ¿Lo supe desde muy pequeña/joven? No. De hecho empecé otra carrera que dejé a mitad al empezar magisterio. ¿Eso significa que no tengo vocación? ¡Para el carro! Ni de broma.

Nunca fui de las que contestaba el típico y rancio “porque me gustan los niños” cuando el profesor preguntaba por qué estábamos en esa facultad. Claro que te gustan los niños ¿Y a quién no? También me gusta la música y no me hago guitarrista, y me encanta la tortilla de patata y no por eso me hago tortillera *criiii, criiii, criii…*

Creo que mi historia empieza en el colegio, puesto que tuve unas maestras de primaria fantásticas. Las tuve a las dos durante toda la primaria, desde primero hasta sexto, y para mi promoción fueron unas segundas madres. Nos vieron crecer, y todo lo que recuerdo de ellas es esfuerzo y más esfuerzo por darnos lo mejor que tenían. Y creo que les salió muy bien, fuimos una promoción genial, y se la curraron ellas. Años más tarde, me descubrí pensando que mi manera de ser y de pensar, esa que noto tan personal y original, es así en gran parte gracias a ellas. Me pareció algo tan importante y bonito que marcó mi manera de pensar sobre esta profesión, haciéndola mucho más atractiva de lo que podría parecer en un principio. Se trata de una profesión con mucha responsabilidad, y más todavía en la etapa de Educación Infantil, pero te brinda la oportunidad de acompañar el crecimiento, tanto físico como mental, de unos niños que en el futuro, te recuerden o no, sean conscientes de ello o jamás lleguen a pensarlo, llevarán algo de ti en su interior. ¿Puede haber algo más bonito?

Pensando de manera más pragmática, la razón por la que quiero formar parte de la educación de las futuras generaciones es porque los niños de hoy serán los adultos del mañana, unos adultos que manejarán el mundo y tendrán la oportunidad de cambiarlo. Y este mundo necesita un cambio radical. ¿Lo van a hacer aquellos que han crecido a merced de la competitividad, aquellos que han experimentado un sistema educativo que únicamente sabe de rellenar cabezas de conocimiento, sin tener en cuenta sentimientos y sin enseñar a pensar por uno mismo? Dudo que lo hagan, esos están muy cómodos con el sistema tal y como se encuentra actualmente. Consideraré un gran triunfo si algún día de alguna manera me entero de que he enseñado a alguien a pensar por sí mismo, o he puesto mi granito de arena en tal logro: es mi meta principal como docente.

Recuerdo muchas noches de insomnio pensando en si el (enorme) cambio de orientación en mi formación haría posible que algún día me sintiera realizada, que mi futura profesión se convirtiera en una fuente de felicidad. Ahora no tengo ninguna duda de ello. Me encanta trabajar con los niños en el aula, es algo que me divierte muchísimo, se me pasa el tiempo volando. Mi trabajo me permite hacer la payasa, cantar, bailar, soñar… y recibo muchísimo amor por parte de mis alumnos, que en general no pueden ser más agradecidos. Y además me ha permitido desarrollar una creatividad que yo estimaba inexistente hasta hace bien poco, ¡lo tiene todo! Pero es que además me encanta el (enorme) trabajo previo de preparación, pensar actividades, organizaciones, y cualquier cosa que tenga que ver con la vida en el aula. Puedes llamarme yonki de la educación si quieres. Pero yo creo que lo más importante es que me siento muy a gusto rodeada de niños, probablemente porque tengo mi yo infantil tan desarrollado que me siento un poco como una más de ellos.

¿Y por qué Educación Infantil? Pues los niños menores de 6 años son, para mí, el paradigma de la predisposición, pero en lo bueno. Siempre están dispuestos a superarse, a aprender, ¡a ser felices y a hacer felices a los demás! Y sin embargo, están libres de prejuicios. Son sencillamente sorprendentes. Además de que en los últimos cursos de primaria ya están empezando la adolescencia y no es un periodo que me llame demasiado la atención como docente, la Educación Infantil me parece la etapa menos rígida y por tanto más libre que existe, en el sentido de que es más fácil ir contracorriente (dentro de lo difícil que es eso en general dentro de nuestra sociedad). Y yo soy una amante de la libertad y de los retos ;)

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