“El cerebro del niño” (III): estrategias 6 y 7.

Después de un pequeño descanso, volvemos con esta especie de ciclo sobre “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo”  de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson, hoy con la tercera entrega.

En la primera entrega hablamos de la integración horizontal y las dos primeras estrategias para logar ese tipo de integración. En la segunda entrega pasamos a la integración vertical, con las siguientes 3 estrategias. Hoy seguimos con la integración entre las memorias implícita y explícita, para la que habrán 2 nuevas estrategias.

Empezaremos rompiendo un mito (y no será el único que caiga hoy). Quién no ha pensado alguna vez (o escuchado, o dado por hecho…) que la memoria es un archivador mental, es decir, que cuando pensamos en cierto evento de nuestro pasado, simplemente buscamos el cajón correcto del archivador y evocamos el recuerdo. Así de fácil. Pues no es así. La memoria se basa en asociaciones. El cerebro procesa algo en el presente y lo relaciona con experiencias parecidas del pasado, que, por supuesto, influyen mucho e nuestra manera de pensar, de percibir… Esto ocurre porque el funcionamiento del cerebro es exactamente eso: asociaciones de neuronas. Podríamos decir que de esta forma el cerebro se prepara para las cosas que pueden ocurrir basándose en la información que ha recabado en el pasado, por lo que éste moldeará nuestro presente y nuestro futuro.

Bueno, igual con menos lucecitas…

Otro mito, muy relacionado, es que la memoria es como una fotocopiadora que reproduce exactamente los hechos del pasado. Tampoco es así. Cada vez que recuperamos un recuerdo, lo estamos alterando sin darnos cuenta. ¿Nunca te ha pasado que ya no sabes si recuerdas o has imaginado? Lo cierto es que distorsionamos continuamente los recuerdos, a veces ligeramente y a veces de manera más significativa. Es más, en el recuerdo van a influir dos claros factores: el ánimo al crear el recuerdo, y también al recuperarlo.

Algún día me ocurrirá esto, y estoy segura de que ese día no está muy lejos xD

Tras esto, vamos con los dos tipos de memoria que nos presentan Siegel y Payne en este capítulo.

La memoria en la que todos pensamos al buscar esa palabra en nuestro cerebro, es decir, aquella que nos da la capacidad de recordar cierto momento del pasado, es la memoria explícita. Se llama así, en contraposición con la memoria implícita, que, por el contrario, actúa sin que nos demos cuenta de que estamos recordando. La memoria implícita codifica percpciones, emociones, sensaciones corporales y conductas, y nos lleva a crearnos expectativas sobre cómo funciona el mundo a partir de experiencias previas. Además, crea imprimación, es decir, que a partir de ella, el cerebro se prepara para responder de una manera determinada. Esto último explica algunas reacciones inusuales, puesto que la memoria implícita puede haber creado algunos modelos mentales inconscientes de manera que respondemos sin saber a qué exactamente.

Ambos tipos de memoria se entrelazan continuamente y actúan de manera conjunta en la vida cotidiana, y esto es posible gracias a una zona del cerebro llamada hipocampo. Podemos pensar en el hipocampo como un motor de búsqueda en la recuperación de recuerdos. Digamos que busca y encaja piezas de memoria implícita para volverla explícita. Sólo así somos capaces de reflexionar sobre su impacto en nuestra vida, de dar sentido a lo que ocurre en nuestro interior y de controlar cómo pensamos y actuamos. Así que el hipocampo es el encargado de esa integración de ambos tipos de memoria, es quien explora para que nos enfrentemos a los recuerdos implícitos de manera intencionada, para que no ocurran esas reacciones inusuales (por ejemplo, en el caso de un niño, podría ser negarse a ir a clase de natación poniendo una excusa barata cuando siempre le ha gustado mucho ir).

Como veis, el señor Hipocampo no se encuentra muy alejado de nuestra amiga la amígdala…

Pues bien, para ayudar al pobre hipocampo y convertir a los niños en niños de cerebro pleno, podemos usar las dos estrategias de hoy:

  • Estrategia número 6: “Usa el mando a distancia de la mente: reproduce los recuerdos“. Esta estrategia nos invita a hablar de nuestra memoria a los niños como si de un DVD interno se tratase. Todos tenemos un mando a distancia que lo controla, así que podemos ir reproduciendo los pasajes de nuestros recuerdos (y por tanto verbalizarlos) al ritmo que queramos, para que les de menos miedo. Además, debemos darles la oportunidad de elegir lo que van a afrontar (a contar), de interactuar con la experiencia a su propio ritmo. Esto quiere decir que si llegados a un punto, no quiere seguir, debemos darle la oportunidad de darle al botón de avanzar rápido y que siga contando lo que pasó después, para que vuelva al punto que no quiere recordar en el momento que lo desee, cuando esté preparado, probablemente tras contar y analizar todo lo demás.

A mí, personalmente, la estrategia número 6 me recuerda mucho a la segunda de “Ponle nombre para domarlo“. ¿No se trata al fin y al cabo de contar historias? Ya comenté que las estrategias me parecían un poco repetitivas, como si fueran las mismas en diferentes contextos…

  • Estrategia número 7: “Convierte el acto de recordar en parte de la vida cotidiana“. Esta estrategia comprende ir un paso más allá. No sólo hay que usar el mando a distancia de la mente cuando haya problemas que resolver, sino que, si convertimos el acto de recordar en algo cotidiano, damos más ocasiones para mejorar la capacidad de integrar los recuerdos implícitos y explícitos. Todo es cuestión de práctica. Así que, aunque no se nos presente ningún conflicto, es conveniente que entrenemos la capacidad de recordar. Pregúntale a tus hijos qué tal ha ido el día a diario, pero no te conformes con un “bien” o un “regular”. Si tu hijo te cuenta qué ha hecho, lo que ha sentido, sus impresiones de las cosas que le han pasado, y todo ello a diario, entrenará esta capacidad tan importante, y podrá realizar la estrategia número 6 con mucha más facilidad. Eso sí, no le fuerces. Muestra tu interés, y, por supuesto, ofrece un buen ejemplo y cuéntale cómo te ha ido al día a menudo. Lo agradeceréis ambos en dos sentidos: vuestra integración de ambas memorias funcionará a la perfección, y además gozaréis de un rato íntimo juntos y por tanto probablemente de una relación más cercana y fuerte.

¡Vamos, unas cuantas repeticiones más y tendrás un cerebro “ciclao”!

 

Como veis, tampoco se trata de una gran innovación, aunque eso no quiera que personalmente me parezca un gran consejo.

Y hasta aquí la tercera entrega de este ciclo sobre el cerebro de los niños. Como siempre, si tenéis alguna duda, no tengáis ningún reparo en preguntar. Espero que os siga resultando útil. El próximo día iremos con la “clarividencia” (que dicho así parece un superpoder xD), y las estrategias 8, 9 y 10.

Hasta entonces, que os vaya bonito! ;)

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2 pensamientos en ““El cerebro del niño” (III): estrategias 6 y 7.

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