Tu cerebro en tu mano – Modelo del cerebro según el Dr. Siegel

No sé si recordaréis una serie de entradas sobre el libro “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo” (que, por cierto, no llega a 3 euros la edición Kindle de Amazon) que hice hace algo más de un año. En aquellas entradas resumí dicho libro, que hablaba de cómo funciona el cerebro infantil, qué significa y por qué es importante estar integrados, y cómo afrontar de la mejor manera cierto tipo de crisis por la que cualquier niño puede pasar, entre otras las famosas rabietas. Si no lo leísteis en su momento os invito a hacerlo ahora, puesto que el libro es una lectura sencilla y útil.

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Pues bien, uno de los autores del libro es el Dr. Daniel J. Siegel, médico y profesor clínico de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la UCLA, dentro de la facultad del Center for Culture, Brain, and Development (Centro por la Cultura, el Cerebro y el Desarrollo), codirector del Mindful Awareness Research Center (algo así como el Centro de Investigación de la Conciencia Consciente), y pionero en el campo llamado “neurobiología interpersonal”.

Pues el otro día, Bei, del blog Tigriteando, compartió este vídeo de Siegel en Redes Sociales:

Se lo agradezco en el alma puesto que conocía este modelo del cerebro pero lo había olvidado completamente, y desde luego es muy útil tanto para adultos como para los niños. Así que, con su permiso, he decidido dedicar esta entrada a su explicación, espero que más o menos sencilla y satisfactoria, sobre todo para aquellos que no entienden el inglés.

Este modelo es muy útil para conocer cómo funciona nuestro cerebro en ciertos sentidos, aunque es evidente que el cerebro real el mucho más complejo, así que se trata simplemente de una simplificación.

Para entender el modelo debemos levantar una mano. Nuestra muñeca será a partir de ahora nuestra médula espinal, y la parte central de la palma será el tronco del encéfalo. Esta parte del cerebro es la primera que se formó, tanto físicamente cuando éramos embriones en el útero de nuestra madre, como filogenéticamente, es decir, en cuanto a evolución. Por ello, se le llama “el cerebro reptil”. Proporciona la regulación del cuerpo; por lo que recuerdo de neuroanatomía, básicamente todo lo automático en nuestro cuerpo: respiración, latido del corazón… pero también las respuestas automáticas que nos relajan o nos revolucionan (el famoso “Fight, Fly or Freeze” que nos pone alerta y nos prepara para luchar o huir, aunque también nos deja congelados sin saber reaccionar, cuando sufrimos un gran estrés).

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Si doblamos el pulgar hacia dentro (que para eso es oponible xD), representará nuestro sistema límbico. El sistema límbico genera nuestras emociones, se encarga de diferentes aspectos de la memoria y de las relaciones.

Como veis en vuestra propia mano, el tronco del encéfalo y el sistema límbico se encuentran estrechamente unidos, y de hecho trabajan juntos en una tarea fundamental para nuestras vidas: regular las emociones.

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He descubierto que mi mano tiene una movilidad un tanto reducida. El pulgar debería cubrir un poco mejor la palma de la mano xD

Y ahora tenemos que doblar el resto de nuestros dedos hacia abajo, de manera que esta nueva parte del cerebro, que es la corteza cerebral, cubre físicamente el sistema límbico y parte del tronco del encéfalo. Efectivamente, la corteza es la parte más “nueva” del cerebro: la última en aparecer tanto en la línea evolutiva como en el cerebro del embrión, diría que incluso la única parte del cerebro que madura fuera del útero de la madre, y además es la parte más desarrollada en los humanos. Y sus funciones, por tanto, son más propiamente humanas: es quien procesa el mundo exterior y donde van a impactar las experiencias, hace posible que pensemos, razonemos y reflexionemos.

Nos vamos a centrar en una parte específica de esta corteza, en la corteza prefrontal, que es la que tenemos representada por la última falange de los dedos anular y corazón. Teniendo en cuenta que la orientación de nuestra mano es la misma que la de nuestra cabeza si la levantamos con la palma hacia delante, podemos imaginar fácilmente que esta corteza prefrontal se encuentra más o menos bajo nuestras cejas.

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Esta pequeña parte de nuestro cerebro está conectada directamente con el área límbica y el tronco del encéfalo (también es fácil de imaginar porque las estamos tocando con esa parte de los dedos), de manera que las regula, ayudándonos a gestionar, a hacer conscientes y por tanto a mencionar nuestras emociones. Hace que pensemos antes de actuar. El doctor Siegel enumera sus funciones como: regulación corporal, comunicación conectada (conexión con los demás), balance emocional, extinción del miedo, flexibilidad, visión, empatía, moralidad e intuición.

Esta regulación de las partes más animales de nuestro cerebro por parte de la más humana es muy importante, ya que en ciertas situaciones de estrés el cerebro inferior puede dispararse, de manera que la corteza prefrontal empieza a perder la capacidad de regularlo todo, y cuando ya no puede resistir más, se “voltea” abriendo esa tapa que hemos representado con los dedos, de manera que deja de ejercer ese balance emocional y dejamos de estar en equilibrio. Así, la parte inferior del cerebro entra en erupción porque ya no está contenida. Perdemos la flexibilidad, la capacidad de raciocinio…

Seguro que te ha pasado alguna vez, porque es algo natural que nos pasa a todos, todos hemos perdido alguna vez los papeles (sobre todo los que trabajamos o conviven con niños xD).

Pero lo maravilloso del tema es que podemos devolver a nuestro cerebro a su estado “plegado” o integrado original simplemente siendo conscientes de nuestro estado y de por qué hemos llegado ahí, pero sobre todo tratando de evitar que esto llegue a suceder. ¿Cómo? Ayudando a la corteza a que no pierda el control, reforzando sus funciones de manera consciente: nombrando y entendiendo nuestras emociones, siendo conscientes de lo que nuestro cerebro necesita en cada momento (¿un descanso?, ¿un poco de afecto?) y tratar de conseguirlo antes de que explote.

Pero, como sabéis, el Dr. Siegel se refiere mucho a la infancia y la tiene muy en cuenta en cualquiera de sus intervenciones. ¿Cómo encaja esto con los niños?

Aquí intervienen las famosas neuronas espejo, que, resumiendo, son capaces de reconocer el estado emocional de otra persona (o el estado de otro sistema nervioso), y lo más sorprendente es que tienen a copiarlo. Esto nos da una clave en el tratamiento de las crisis de los niños, nos dice que nos va a resultar difícil mantener la calma cuando un niño estalla (¿a que sí?) porque nuestras neuronas espejo tienden a copiar su estado de erupción, pero a la vez nos sugiere que si somos capaces de hacerlo, ayudaremos a quien tenemos delante a volver a bajar la tapa del cerebro y dejar que la corteza vuelva a tomar el control.

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Neuronas espejo en acción en un mono ¡recién nacido!

Pero además, Siegel sugiere, con mucho atino a mi forma de entender, que lo mejor es enseñar a los niños (él se refiere a partir de 5-6 años, pero seguro que muchos pueden llegar a entenderlo e integrarlo antes, sobre todo si sabemos hacérselo llegar) lo que sabemos sobre su propio cerebro, transmitirles este modelo de manera explícita para que sean capaces de identificar el momento en el que su propia corteza está a punto de saltar, de manera que puedan llegar a evitarlo o darle un nombre a lo que les ocurre para poder domarlo y comunicarlo.

A  mí me parece muy acertado, puesto que con la ayuda de la mano estamos haciendo concreto algo muy abstracto, puesto que para un niño (y para cualquiera), es muy difícil entender qué le pasa cuando tiene ciertos sentimientos, puesto que no los puede ver, tocar, sentir… En este sentido, Bei también dio en el clavo con un vídeo genial:

Es decir, que podemos transmitirles el modelo de la mano explicado de manera sencilla y atractiva, con la ayuda del símil del cerebro animal, y sobre todo intentando que se reconozca en las situaciones que le presentamos, de manera que además no crea que le pasa sólo a él/ella, para que no se sienta culpable sino que lo vea como algo dentro de la normalidad.

Podría ser algo así:

Voy a enseñarte qué pasa en tu cerebro. No solo en el tuyo sino en el de todos.”

Y le enseñamos el modelo de la mano, recalcando que la parte interior es el cerebro animal (me encanta que en el vídeo se le quite la connotación negativa dejando que el niño elija su animal favorito), en la que están los sentimientos, y la parte superior, que la controla es la que nos permite pensar. Al principio no creo que sea necesario que sepan cómo se llama cada parte, aunque sí que me parece oportuno que vean su parecido con un cerebro real, comparando la forma de nuestra mano cerrada con alguna foto o dibujo del cerebro. Más adelante se puede ir dando nombre a cada parte, siempre en función de la curiosidad y el interés del niño.

Cuando el cerebro animal se agobia, se enfada o tiene miedo, ¿qué crees que hará? ¿Qué hacen los animales cuando se enfadan o tienen miedo? Puede correr para intentar huir del problema, aunque esa no es una solución porque el problema sigue ahí y en algún momento tendremos que solucionarlo; puede atacar, y de hecho todos lo hacemos a veces, pero así sólo conseguimos hacer daño a quien más queremos; o incluso puede congelarse. ¿Alguna vez te ha pasado no saber qué hacer e incluso no poder pensar? A mí sí…

Pero la parte del cerebro que hay por encima es la que nos ayuda a pensar, y puede decirnos qué hacer para cuidar a nuestro cerebro animal. Puede decir qué siente y qué necesita. Puede que necesite un poco de cariño: a veces, un beso o un abrazo nos calma mucho, ¿verdad? Puede necesitar un poquito de atención, porque cree que nadie le hace caso o porque quiere contarle lo que le ocurre a alguien. Puede necesitar un descanso, un tiempo para estar solo, para relajarse, para pensar en sus cosas y alejarse de lo que le pone nervioso. O a lo mejor lo que quiere es un poco de reconocimiento, que alguien le diga que está haciendo un buen trabajo, que le quieren, que es importante para alguien, que hace feliz a los demás… Todos necesitamos esas cosas de vez en cuando, ¿a que sí? Pues ahora sólo falta que nos entrenemos, que intentemos imaginar qué necesita nuestro cerebro animal en cada momento y se lo digamos a nuestros papás, a nuestros profes o a quien nos esté cuidando en ese momento, porque sólo si saben lo que nos ocurre y lo que necesitamos nos podrán ayudar.”.

Como veis, no es exactamente lo que se dice en el vídeo sino mi versión, igual que tú tendrás la tuya, tu manera de explicarlo todo y de pedir colaboración.

Y para acabar, algo que llevaba en mi cabeza desde que vi el último vídeo que he puesto, pero que me da una vergüenza tremenda. He intentado realizar un vídeo de mi propia mano explicando a los niños este modelo casi a modo de teatrillo de marionetas. No sé si funcionará porque no lo he probado, podéis tomároslo como una idea de cómo contárselo a los más pequeños, o podéis intentar ponerles el vídeo directamente. Eso sí, no es algo facilísimo, así que tendrán que revisionarlo de vez en cuando para ir interioriándolo poco a poco. Os dejo con mi mano loca, espero que os guste y que me contéis qué tal ha ido si la habéis usado ;)

Disculpad la calidad, es la primera vez que hago algo así y está hecho con el móvil…

Evidentemente debemos ayudarles a hacer conscientes sus sentimientos, hablando de ellos a menudo y tratando de buscar soluciones de ese tipo o cualquier otro que nos parezcan oportunas, de manera que poco a poco vayan interiorizándolas.

Pero sobre todo no debemos olvidar que si para nosotros es difícil controlar este proceso, para ellos lo es mucho más, así que necesitarán por encima de todo mucho cariño y comprensión.

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