Irabela nos cuenta: “Nuestro camino a Ojo de agua”

Más allá de las escuelas ordinarias existe una buena cantidad de propuestas educativas que tienen como objetivo principal alejarse de la escuela tradicional. Es un mundo que me parece apasionante, pero del que, sin embargo, nos llegan pocas noticias a parte de las que podemos encontrar en algún pequeño reportaje de la tele, eso sí, con el único objetivo de rellenar unos minutos con los que no saben qué hacer, y últimamente parece que no hay vida más allá de Montessori.

En la universidad, con suerte, te hablan de algún que otro proyecto, de los más conocidos e importantes, pero nunca se llega a profundizar en el tema; si te interesa, como en muchas otras cosas, investiga por tu cuenta.

Pero lo importante es que estos proyectos existen, están ahí, y creo que podemos utilizarlos como mínimo como referencia para reorientar nuestra propia práctica, para mejorar los aspectos de la misma que no nos gustan del todo, o para tener una referencia de que algo que creemos muy difícil en realidad es posible, porque está ocurriendo.

Así que hoy hablamos de uno de estos proyectos, Ojo de agua, un espacio educativo ubicado en un pueblo llamado Orba de la provincia de Alicante. Yo sé poco más que lo que he podido leer en algún artículo y en su web, que os invito a visitar porque es muy interesante.

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Imágenes sacadas de la web ojodeagua.es

Pero recientemente he tenido contacto con Irabela, una mamá que lleva a sus hijos allí, que tiene las ideas muy claras sobre cómo quiere educar a sus hijos, y que tiene un blog muy interesante que también os invito a visitar.

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El caso es que le he pedido que nos hable de Ojo de agua, porque creo que su perspectiva de madre puede ser muy enriquecedora, y ya sabéis que creo que los padres son clave en la mejora educativa que debemos llevar a cabo, así que vamos a escuchar (o más bien leer), lo que Irabela quiere contarnos al respecto:

(No os perdáis al final del post algunos vídeos sobre Ojo de agua)

Nuestro camino a Ojo de agua

Me llamo Isabel, y junto a mi pareja, Adrián, tengo dos hijos, de 4 y 7 años. En este post quiero hablaros un poco sobre nosotros y sobre la experiencia de nuestros hijos y nuestra en el espacio educativo Ojo de agua.

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Me hace ilusión escribir este post, porque estamos a punto de abandonar el espacio (por motivos ajenos a él). Esta puede ser parte de nuestra despedida y un modo de hacer recapitulación de lo que han sido los últimos tres años y medio.

Pero comencemos nuestra historia…

Precedentes

Adrián y yo crecimos en su mayor parte en Madrid. Pese a haber diferencias esenciales entre nuestras familias, fundamentalmente ideológicas, también hubo bastantes similitudes, entre ellas un alto porcentaje de dedicación a la educación en ambas familias (especialmente en la mía).

Ambos pasamos también gran parte de nuestra infancia en colegios concertados católicos. Ambos tuvimos contacto con el sistema educativo alemán (Adrián de niño y yo de adulta).

Cuento esto para hacer ver que ambos tuvimos bastante presente el ámbito de la educación en nuestra infancia y juventud. También que ambos hemos conocido diferentes formas de enseñar y diferentes culturas.

Porque creo que esto ha sido parte de nuestro proceso de cuestionamiento y búsqueda de algo diferente para nuestros hijos.

Tomando conciencia de nosotros mismos

La maternidad/paternidad muchas veces te devuelve, sin darte cuenta, a tu propia infancia. Y es por eso que quizá buscas aquello que tuviste. O que no tuviste.

Nuestros primeros escarceos fueron con la educación Waldorf. Adrián había pasado gran parte de su infancia en colegios Waldorf y le parecían muy buena opción. Yo también comencé a introducirme, entusiasmada, en esta pedagogía.

Cuando mi hijo cumplió 2 años y medio, comenzamos a llevarle a un jardín de infancia Waldorf. Un periodo de adaptación de dos semanas (ahora reconozco que no aceptaría ni ese ni ningún límite de tiempo), un espacio en el que simplemente jugar, con la belleza de los espacios Waldorf, una maestra encantadora, un grupo pequeñito de niños. En ese momento sentía que estaba eligiendo un buen lugar para él.

Pero esa época coincidió con el final de mi segundo embarazo y el nacimiento de mi hija. El hecho de optar en esta segunda maternidad por otro tipo de opciones de crianza hizo que sintiera viva cierta contradicción entre mi primera maternidad y la segunda. Entre otras muchas cosas, comencé a cuestionarme, muy lentamente, la necesidad de que mi hijo acudiera a una escuela, así como muchos aspectos de la escuela en sí.

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Cambio de rumbo: “La educación prohibida”

Un momento muy importante a la hora de redefinir nuestras ideas acerca de la educación fue aquel en el que vimos el documental “La educación prohibida”. La idea de que la búsqueda del conocimiento es algo innato en el ser humano nos iluminó completamente a Adrián y a mí.

Personalmente, trato de buscar la lógica biológica y evolutiva a la hora de tomar decisiones de crianza o educación con mis hijos. Y comenzar a pensar que va a ser la propia naturaleza la que los lleve a aprender, como nos lleva a aprender a andar o hablar, me pareció sencillo, lógico y crucial.

Mientras tanto, en el colegio Waldorf, con una maestra muy diferente a la del primer año, mi hijo manifestaba un claro descontento. Nosotros comenzamos a identificar con nitidez situaciones con las que no estábamos de acuerdo.

Por otra parte, queríamos salir del centro de Madrid, que nos agobiaba por el tráfico y el ruido, y comenzamos a buscar otro lugar al que pudiera acudir nuestro hijo por las mañanas.

Ojo de agua, una puerta de luz

En pleno período de búsqueda, sin tener muy clara la filosofía de Ojo de agua, decidimos pasar un fin de semana en un encuentro de familias que se organizaba allí.

Los dos salimos deslumbrados, pero me llamó especialmente la atención el convencimiento de Adrián, que no se suele entusiasmar fácilmente con este tipo de cosas.

Mi sensación, también era de luz. Un lugar precioso, preciosas ideas de respeto y personas que nos daban mucha confianza.

Pasaron unos meses. No llegamos a acabar el segundo curso Waldorf en Madrid y nos mudamos a Alicante, en primavera de 2013.

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Quizá por el momento del año, por la situación que atravesábamos, o por la diferencia de clima, todavía recuerdo la transición entre Madrid y Orba (Alicante) como si realmente pasáramos de un lugar frío, estricto y oscuro al calor, la apertura, la relajación…

¿Y cómo es Ojo de agua? Nuestra experiencia

  • Respeto
  • Libertad
  • Naturaleza

Creo que estas son las tres palabras que más definen nuestra experiencia con Ojo de agua.

RESPETO

Es el número 1, y lo escribo con mayúscula porque es lo que más vine buscando, lo que más valioso me parece y lo que más me sigue admirando de Ojo de agua.

En Ojo de agua se parte de que la estabilidad emocional es lo más importante, porque es básica para poder realizar el resto de aprendizajes. Por tanto, las relaciones humanas se cuidan con esmero. Creo que es difícil explicar de un plumazo toda una filosofía de vida, pero si digo que la base son ideas de la Escucha Activa o la Comunicación No Violenta podréis investigar por vuestra cuenta.

Yo os puedo contar que no existen juicios, que porque un niño vaya vestido de princesa o con los zapatos al revés nadie se va a asombrar ni calificar su aspecto.

Tampoco existen, por tanto, críticas. Si aceptamos que cada uno tiene su perspectiva a la hora de ver el mundo, nuestra crítica pierde sentido.

Ojo de agua es en estos dos aspectos un espacio muy protegido. Se vela porque estos principios se respeten entre los niños y los adultos acompañantes los respetan también.

Esto requiere un trabajo constante de observación y auto-observación muy potente por parte de los acompañantes.

El respeto implica además que, si bien en Ojo de agua existen reglas (muchas) también existe mucha tolerancia respecto a lo que cada padre o madre hace en casa con sus hijos. Esto fue algo que al principio me costó entender, acostumbrada a las indicaciones a los padres de los colegios Waldorf o más convencionales.

Pero constaté que tiene una lógica aplastante: ¿cómo vamos a respetar el proceso de aprendizaje de los niños si no respetamos el de sus padres? Nosotros somos los primeros que, en base a la observación y la experiencia, tenemos que sacar nuestras propias conclusiones y crecer en base a ellas. Por el bien de nuestros hijos.

LIBERTAD

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Libertad y respeto se entrelazan. Si no dejo libertad no estoy respetando.

Libertad no es libertinaje. En Ojo de agua hay unos horarios: se puede estar en el espacio a partir de una hora y a partir de otra ya no se puede estar.

Mi libertad acaba cuando empieza la del otro. No soy libre para dañar. No soy libre para juzgar o criticar a los demás.

tengo libertad para elegir en qué dedicar mi tiempo. En qué lugar del espacio ubicarme y con quién estar.

Tengo libertad para decidir cuándo y qué aprendo.

Como madre, tengo libertad para ajustar el horario en que mis hijos acuden a Ojo de agua a nuestra conveniencia familiar. Tengo libertad para decidir si algún día no van.

También soy libre de pedir consejo en Ojo de agua y que me den su opinión acerca de lo que preciso. Que respeten mi libertad no quiere decir que no puedan asesorarme y compartir conmigo el seguimiento de mis hijos, si así lo deseo.

NATURALEZA

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Un valle encantador, una subida a ratos bastante empinada por un camino de tierra. Un edificio sostenible, de madera, que se integra perfectamente en el paisaje.  A la par que llama la atención.

Ojo de agua se basa en la sostenibilidad y en el cuidado de la naturaleza. Por eso no la altera. No existen grandes columpios ni aparatosas estructuras. Existen ciertos elementos propios de un espacio educativo (campo de fútbol, camas de saltar, algún columpio que otro, arenero) pero escasos para la cantidad de espacio del que se dispone.

Los niños juegan mayoritariamente con los materiales del espacio interior o con la propia naturaleza.

Todos los materiales se usan con sumo cuidado. Agua y electricidad, las meramente indispensables. Incluso el papel de uso habitual se dosifica cuidadosamente.

Así es Ojo de agua para mí, a grandes rasgos.

Mis hijos tienen ahora 4 y 7 años y han estado año y medio y tres años en Ojo de agua respectivamente.  Ojo de agua les gusta, lo disfrutan. Disfrutan de pasar la mañana con sus amigos en un entorno donde se les tiene en plena consideración.

Sus aprendizajes se van sucediendo, por supuesto, pero no están directa ni exclusivamente asociados al espacio educativo en el que están. Por nombrar aprendizajes, ambos han aprendido autónomamente a montar en bicicleta o a nadar, en nuestra compañía pero sin nuestro empuje. El empuje lo llevan dentro.

Ambos se interesan muy lentamente, especialmente el mayor, por números o letras. Pero ni nosotros ni Ojo de agua hacemos presión en ese aprendizaje, porque en el momento en que ellos estén preparados todos lo vamos a notar y podremos acompañarlo de la manera apropiada. Pero sólo en el momento preciso.

letras

Esto es normalmente muy difícil de respetar en una escuela convencional, aunque sólo sea por las ratios.

Sé que, por suerte, están surgiendo en los últimos años miles de iniciativas de cambio en la escuela. Tanto iniciativas privadas de padres, escuelitas, como iniciativas de cambio en la escuela pública. Me parece maravilloso.

Yo, a día de hoy, no podría elegir para mis hijos un lugar que no se basara en los principios en los que se basa Ojo de agua. Especialmente el respeto y la libertad (ambos llevan, de todos modos, a respetar la naturaleza).

Esos principios que en Ojo de agua están tan vivos, que son parte de su día a día, son los que me gustaría ver a mi alrededor en mi día a día, en mi familia, en la sociedad. En el mundo.  Probablemente el mundo fuera diferente si cada escuela fuera un lugar donde se recrearan la libertad y el respeto; donde la necesidad de aprender fuera considerada  una pulsión de vida más, y fuera acompañada, en lugar de ser encerrada en currículums y apagada por desdenes…

En definitiva…

Esta es nuestra experiencia, nuestro camino personal a Ojo de agua. Con dos niños, de 4 y 7 años. No puedo hablar más que por mi experiencia, que supongo que será distinta a la de cualquier otra familia, porque sus hijos tengan otras edades o por cualquier otra circunstancia.

Este es nuestro camino, que no es más que uno de los tantísimos recorridos por las familias que están en Orba y alrededores. Y uno de los tantos que les quedarán por recorrer a las familias que ahora están llegando o se plantean acercarse hasta aquí.

 Nuestro camino nos lleva ahora más allá, al océano de los viajes en familia, del aprender viajando, del worldschooling

Pero esa es… otra historia, que podéis seguir en mi blog :)

Por ahora yo misma no conozco el proyecto en profundidad, pero las palabras de Isabel suenen tan bien que ojalá algún día tenga la oportunidad de visitar el centro e intercambiar ideas sobre educación con los responsables de Ojo de agua. Por ahora tendré que conformarme con vídeos como éste que también podéis encontrar en su web, porque ya sabemos que a veces una imagen vale más que mil palabras:

Muchísimas gracias a Irabela por regalarme tu historia y permitirme publicarla, me parece preciosa e inspiradora. Y mucha suerte en vuestro nuevo camino :)

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4 pensamientos en “Irabela nos cuenta: “Nuestro camino a Ojo de agua”

  1. La verdad es que es un lugar idílico, el interés por la naturaleza y el respeto hacia ella es muy evidente sólo viendo una foto, y eso dice mucho! :)

  2. ¡Guau! No sé cómo aún no había leído esto! Qué guay, qué sensación de esperanza, de ver que hay iniciativas, de ver que hay cada vez más gente interesada en una educación diferente y qué ganas de investigar más, aprender y conocer diferentes proyectos, diferentes perspectivas y, como siempre, sacar lo mejor de cada uno para aplicarlo a la propia práctica! Tengo muchas ganas de tener una larga charla contigo! Qué emoción me ha dado leer esto y que ocurra tan cerquita! ¡Un beso muy fuerte!

  3. Me acordaba mucho de ti al leer las respuestas de Irabela, y estoy segura de que hay otros muchos proyectos más cerquita de lo que pensamos. Tengo la intención de buscar algunos y reflejarlos aquí, a ver si esa intención se materializa. Te los dedicaré!!! jajajaja

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