Lo que no funciona es la forma de escolarización

Me ha llegado por varias vías un artículo de la página formacionterramater.es que se hace eco de la escandalosa conclusión de un estudio realizado por un grupo de investigadores de la universidad de Stanford, que dice nada más y nada menos que “retrasar un año la entrada en el jardin de infancia reducía la falta de atención e hiperactividad en un 73% a la edad de 11 años, y eliminaba prácticamente la probabilidad de tener un comportamiento inatento o hiperactivo  “anormal” o “más alto de lo normal“.

Como dice el propio artículo, probablemente no es la escolarización en sí lo que provoca esa falta de atención, sino cómo se realiza esa escolarización. En las últimas décadas se ha dado muchísima importancia a la escolarización en la etapa infantil, principalmente por temas sociales más que académicos, pero esa reconsideración de la etapa ha venido acompañada de la estúpida necesidad de convertirla en un adelanto de la siguiente, de manera que en lugar de valorar su importancia intrínseca, la supeditamos a la etapa primaria, dando como resultado una cantidad de horas ingente sentados y realizando actividades para las que además no están preparados, además de una serie de presiones que sin duda les transmitimos y que, como se deduce entre otras cosas por el estudio, son perjudiciales para nuestros pobres niños.

No es mi intención decir que el TDAH no exista como síndrome, no podría porque no tengo ninguna autoridad en la materia, ni conozco todos los casos, ni he realizado ningún estudio que lo compruebe, pero de lo que sí que estoy segura es de que hay un claro sobrediagnóstico, pues, en primer lugar, consideramos anormal que los niños no paren de moverse, cuando en realidad es algo que está en su propia naturaleza; en segundo lugar consideramos también anormal que no mantengan la atención, cuando es una de las características más claras de la infancia (un extraño fenómeno todavía en estudio por científicos de todo el mundo hace que conforme la estudiamos se nos olvide); pero lo que más triste me resulta es que ya no sólo diagnostiquemos a niños totalmente normales, sino que, además, desde la propia escuela estemos favoreciendo la subida de los índices de hiperactividad y déficit de atención. Ya no es una cuestión social o médica, de tener los umbrales de anormalidad demasiado próximos a la normalidad (que también), sino una cuestión educativa, pues todas esas presiones y exigencias, todas esas horas sentados y todas esas actividades para las que no están preparados los están empujando cuesta abajo y sin frenos hacia ese temido umbral.

Podemos poner todas las excusas que queramos, pero somos responables de esto, y algo tiene que cambiar lo antes posible. Tenemos muchos alumnos en el aula, pero es que nos complicamos la existencia. Si les propusiéramos actividades para las que realmente estuvieran preparados, sería mucho más fácil llevar un grupo numeroso (y ojo, que con esto no estoy argumentando a favor de las ratios actuales, nada más lejos de mi intención). El problema es que “actividades para las que realmente están preparados” y el concepto actual de lo que es aprender no son compatibles, pues esas actividades se basan en el juego (y no precisamente en el de reglas que nos afanamos por enseñar cada vez más temprano). Y se nos llena la boca al decir que los niños aprenden jugando, que el trabajo de un niño es jugar, pero resulta que separamos el juego y el trabajo dándole una categoría mucho más importante al segundo. Y no sólo hablo del tipo de pedagogía al que llamamos “tradicional”, sino que otras que ahora están tan de moda y que parecen ser la solución a todos nuestros males, como por ejemplo Montessori, por mucho que lo nieguen los adeptos, también lo hacen. Se nos hincha el pecho cogiendo aire para decir que los mestros confiamos en el potencial que tienen nuestros alumnos, pero es otra gran mentira, porque no dejamos que ese potencial se desarrolle de manera natural, más bien lo empujamos para que se dé prisa, y le damos la forma que nosotros (que no ellos) necesitamos para sentir que somos útiles, los héroes de las letras y los números, que es lo único importante en la escuela.

nino-jugando

El juego y el movimiento no pueden ser meros accesorios en la escuela infantil, tiene que ser el motor principal. Y los acompañantes tienen que ser las actividades sensoriales, el fomento de la curiosidad, la expresión verbal, el mundo de las emociones, los valores, el pensamiento crítico… todo ello mucho más importante que la lectoescritura y las matemáticas  que intentamos meter con calzador en sus pobres cabezas.

Y ese estudio no me soprende ni un poquito, sino más bien me enfada porque es la confirmación de lo que muchos ya sospechábamos, pero sobre todo porque no nos escandaliza, o al menos no lo suficiente. Ante una noticia como ésta haremos el papel de víctimas, qué poquito se confía en la Educación Infantil y sobre todo en los maestros, ¡y menos en los de esta etapa! (con la de números y letras que saben todos mis niños gracias a mí); y muy muy pocos se llevarán las manos a la cabeza y de verdad intentarán remar hacia una escuela que cumpla con los intereses de los niños y no con los de los adultos.

Como dice una gran amiga al respecto: dejemos a los niños ser niños, ¿a qué esperamos?

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8 pensamientos en “Lo que no funciona es la forma de escolarización

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo es que seguimos con nuestro papel adulcentrista donde al final el niño queda en un segundo plano. Yo he trabajado durante muchos años en el primer ciclo y cada año he visto más casos de diagnósticos de niños de 2 años!!! No se mojan en decir lo que les pasa (porque no les pasa nada) simplemente son niños que no encuentran motivación en lo que hacen, que son dirigidos en u mas rutinas creadas por los adultos con unos tiempos impuestos para todo ( hasta para hacer pis). Niños que si evaluados de unos contenidos absurdos… en fin que me ha tocado en el alma tu artículo! Un saludo

  2. Buen post! Mi hija tenía 1 año y medio y la pediatra quería sacarle una foto para un mural, y ella se movía y llorisqueba y al final no pudo sacarle la foto. Yo lo vi normal, pero la pediatra enseguida me dijo que tenía que llevarla al psicólogo, que era muy inquieta..cambié de pediatra, no la llevé al psicólogo; y no es hiperactiva. Estaba en la edad, y aún está en la edad de ser inquieta, de moverse de acá para allá, de querer descubrir. Parece que hoy pretenden robots en vez de niños.

  3. Por desgracia hay muchos que están más ocupados en demostrar que los maestros merecen un super respeto por parte de la sociedad que en reflexionar un poco sobre qué necesitan los niños. Creo que es también una cuestión de ego. Si tu llegas del trabajo y explicas a tu familia y amigos que la actividad principal del día ha sido jugar a las cocinitas, probablemente te tomen menos en serio que si les dices que hoy has enseñado a tus alumnos de 4 años los planetas, las estrellas y la distancia de la tierra con el sol, y que encima lo han escrito todo con letras mayúsculas y letras ligadas. Un abrazo!!!

  4. Diagnósticos a los 2 años… y no sé de qué me extraño, si tenemos la grandísima manía de medir las cosas y fijar barreras de normalidad conforme nos conviene. ¡Muy triste! Pues me alegro mucho de que te toque en el alma el artículo, @Marina, ojalá hubiera muchas más personas con esa sensibilidad. Un beso muy grande.

  5. Otro caso de medida de la normalidad en función de lo que molesta o deja de molestar a los adultos con el que llevarse las manos a la cabeza, @andreamederos!! Ojalá esto cambie pronto :(

  6. Muy buena tu teoría del ego, @IchMiriam,probablemente forme parte de la combinación ganadora, la que hace que estemos todavía en este punto en el año 2017…Pero bueno, tenemos que tener la esperanza de que las nuevas generaciones cambiarán mucho el panorama, que hace falta! Un beso!

  7. Gracias por este post! Totalmente de acuerdo, suscribo cada palabra. Leerte me alivia porque , a veces, cuando una, como maestra de infantil, mira alrededor le entra la desesperanza, se siente incomprendida y encuentra poco sentido común. Jugar a cocinitas o disfrazarse o reírse o correr o gritar es parte de esta edad y, ojalá algún día se entienda cuánto de valioso están aprendiendo con ello. Y que a los maestros y maestras que entienden eso son a los que realmente la sociedad tendría que respetar y escuchar.
    Insisto, gracias… 😊

  8. Millones de gracias a ti, @Noe, porque estos comentarios me alegran los días. ¡No estamos solas! ;)

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